Eduardo Frei Montalva


Eduardo Frei Montalva es victima de nuestro sectarismo y nosotros con él. Desde todas las izquierdas de Chile lanzamos nuestras acusaciones, para cargar en él la culpa de la derrota de nuestra democracia. Pero eso sólo es parte de la verdad, la otra parte nos señala a nosotros como responsables de haber perdido. Tanto él como nosotros fuimos derrotados y siempre por la misma razón: nuestro sectarismo.

Pero a Frei y a su generación se le perdonará ese sectarismo, pues era una ceguera arraigada en los hombres y mujeres de su época. Su profundo anticomunismo no respondía sólo al ambiente de guerra fría, sino al temor de esas imágenes, mitológicas y no, de la persecución a los cristianos de la Unión Soviética, de la Guerra Civil Española o de nuestros propios conflictos religiosos de la última parte del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Porqué no nos olvidemos, Frei no es un hombre de la última parte del siglo XX, sino de la primera mitad, del Chile del Partido Conservador y del Diario Ilustrado. A nosotros hombre y mujeres del siglo XXI no nos pueden perdonar mantener esos sectarismos del XX, espero que mis nietos me perdonen otros prejuicios.

Sin embargo Frei es un hombre de rupturas y de algunas audacias. Fue él y sus compañeros quienes rompieron con el Partido Conservador, para poner a los cristianos al lado de la lucha de los pobres. Supo que su Señor lo llamaba a ser compañero con ellos, a pesar de que algunos de sus obispos pensaran lo contrario. Por eso también no dudó en apoyar el fin de la ley maldita de González Videla y por eso en su gobierno, también, la Reforma Agraria, la Reforma Educacional, la introducción de la planificación familiar y los métodos anticonceptivos como política de salud pública, la reforma de las políticas habitacionales, la chilenización del cobre, la promoción popular, la creación de la juntas de vecinos, la ley de cooperativas, por nombrar algunas iniciativas de las cuales los hombres y mujeres de izquierda, y con justa razón, nos sentimos herederos.

Muchos de nuestros compañeros, también fueron camaradas de Frei. Don Rafael Agustín Gumucio, Jaques Chonchol, Tomás Moulian, Sergio Bitar, los hermanos Garretón, Luis Maira, José Antonio Viera Gallo, Jaime Gazmuri, etc., para nombrar a algunos repartidos por todas las Izquierdas.

Es verdad que uno queda con algún mal sabor si lo juzgamos por su actitud poco clara, y alguno dirá, lisa y llanamente golpista del año 73.  Sobre todo si lo comparamos con sus camaradas Bernardo Leighton, Andrés Aylwin, Belisario Velasco o don Mariano Ruiz Esquide. Pero no nos olvidemos que por alguna razón ellos siguieron siendo camaradas de Frei.

Pero somos trabajadores de la última hora y si bien pudo Frei haber cometido errores durante su vida, no se equivocó al momento de morir. Frei se hizo compañero en la muerte de Víctor Jara, Carlos Lorca, José Manuel Parada,  Miguel Enríquez, Michelle Peña, Carolina Wiff y miles de los mejores de los nuestros asesinados por la dictadura militar de la derecha Chilena.

El jesuita boliviano Luís Espinal decía que uno no era de donde se nacía, sino de donde se moría (será por eso el presidente Evo Morales lo mencionó entre los bolivianos que recordó al momento de asumir el mando de su país, a pesar de que Espinal había nacido en España).

Lo mismo podemos decir de Frei Montalva: Eduardo Frei murió en el corazón del Pueblo y si es cierto lo que creía, resucitará con él.

 

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